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Nuevos escritos (parte uno)
por Alfonso Ladrón de Guevara   
Eres como una pintura de Ycyck Yerkk, acurrucadita allí hecha un nudo sobre tí misma, absorbida en pensamientos melancólicos - le dijo -
Y tú, sereno con la pipa en la boca, creyéndote el Mesías sigloveintiunero.
Te regalé el libro, ¿verdad?, el de Yerkk.
Si, me encanta la pintura fantástica, y la literatura. Nunca podría imaginar algo así, pero me lo imagino cuando lo leo. La ciencia ficción mola.
Bueno, prefiero cuando se habla de cosas sencillas, de una tarde en el sofá de casa, del gran hermano de la tele, de dinero...
El dinero nunca es un tema de ciencia ficción, se da por obvio que todos "tendremos" para comprar navecitas espaciales y trajes plateados con oxígeno dentro.
 
 
El siglo es el veinte, año 2000, la ciudad podría ser Madrid, París o Berlín [nunca una ciudad del primer mundo, donde el amor transgeneracional no existe), la pareja podrían ser Philippe y Claudine o Pedro y Ana, o Franz y Odette, y estar donde fuera. Fuera: lluvia ligera, Dentro: calefacción a 22º. Otoño.
 
Él sale, con gabardina, y compra el periódico y una revista del corazón, ella se queda y hojea el libro del pintor húngaro de paisajes imposibles, de repente entre somnolencia le parece que va a sumergirse en alguno de los volcanes-ciudad. Él no vuelve hasta una hora después, se ha entretenido tomando un café y hasta dos, ha hablado sobre el clima con el camarero. Ese tema eterno que a todos obsesiona.
 
¿Y qué ocurrirá, en este escenario?
 
Ella escribe para una publicación sobre relojes, y Yerkk tiene un poderoso reloj-criatura digno de mención y admiración, se queda observando la brillante página del libro durante al menos quince minutos, los detalles son laberínticos, interpretables desde tantos campos, desde tanta ópticas. Decide escribirle al pintor, insertarlo en sus vidas. Sabe que es conocido, pero que dado el ámbito fantástico no es un artista en-divecido y espera que responda. 
 
Responde, amable, extremadamente cordial, inglés casi perfecto, e informa que en 4 meses vendrá a un congreso de arte fantástico en [Madrid, París o Berlín] y que sería un placer conocerse. 
 
Se conocen, Yerkk sobrepasa los sesenta (viudo desde bastante joven, no encontró la reencarnación de la que perdiera) y la energía inquieta de los tardíos 20s lo alimenta y oxigena, congenian a la perfección, la ruta gastronómica se da por descontado, y el húngaro entre vino y vino y ginebra y ginebra suelta secretos inconfesables sobre imágenes que le cruzan la mente. 
 
Pero estas cosas rara vez acaban bien, Yerkk necesita alimento trágico para alimentar sus ficciones plasmadas, el conflicto ha sido siempre su modo de vida; y lo inserta en la vida de [Philippe y Claudine o Pedro y Ana, o Franz y Odette]. Lentamente, vagamente, engatusante, absorbente, su amor por ellos va tomando un cariz enfermo, demasiado intenso para la amistad. Quiere venir a vivir a la misma ciudad, verse cada fin de semana, tener un día específico entre semana para hacer una tertulia específica: miércoles: noche de arte näif, como en las novelas...
 
Ellos gustosos juegan, el honor es mucho y la intensidad les atrae, si bien ellos dos generaban suficiente, una triada siempre combustiona mejor.
 
Miércoles, libros de Jean Jacques Gaudel sobre la mesa,  Yerkk y la pareja en el amplio sofá, él acaricia sus cabezas, ambas frondosas y brillantes, cabeza es cuello y cuello espalda, nadie se inmuta, los gin-tónics rodando, un disco llamado Dubai Chill out al fondo.
 
Ví como Ycyck  te acariciaba -él- 
Y a tí, creo que te prefiere -ella-
Me da que tiene un puntito gay -ella-
Pero si estuvo casado -él-
Y qué, lleva más de veninticinco años solo, hoy día le da lo mismo, mientras sea carne, contacto -ella-
¿Crees que lo excitamos? -él-
Me apena tanto, me acostaría con él por respeto, por lástima -ella-
Voy a por tabaco -él- 
 
 
 
 

 
 
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