|
Sostiene Arcadi Espasa que Barcelona es la ciudad del mundo en la que mejor se come. Sostuve durante el 2009, que para ver toros y fútbol había que desplazarse a Barcelona. La ruleta del destino, cruel pero justa, me ha enviado a trabajar a la Ciudad Condal.
Para preparar el cuerpo decidí hace unos días ir a comer al restaurante que ha puesto en Madrid Ramón Freixas, cuyo padre tenía ya en su ciudad un reconocido local de estilo tabernario llamado el Racó d’en Freixa. Aquí se nos ha refinado, pues ha puesto su restaurante en un coqueto hotel de la calle Claudio Coello. Nos hallamos ante la fórmula mas chic posible: restaurante ubicado en un hotel, decoración minimalista (nada de bodegones ni marcos dorados), servicio de orientación sexual homóloga y cocina de diseño. De plato principal hice una liebre Royale, receta que suele dar la auténtica medida de un restaurante con pretensiones. Me presentaron un pastelón de carne que me hizo recordar mis peores tiempos libando cerveza tibia a orillas del Támesis ¿Sería esto lo que me esperaba en Barcelona? ¿Mentía Espasa?
Atemorizado ante tal perspectiva aterricé en la nueva terminal del Prat. Durante los dos primeros días no quise salir del hotel por miedo a que me hablaran en catalán o intentaran envenenarme. Al tercer día me atreví a visitar un local llamado Piscolabis, un término que se me antojó castizo. Acerté, pues solo servían tapas y vino. Ya por la noche, embozado, me acerqué al Puerto Olímpico y entré en un lugar llamado Agua. Aunque el nombre no prometía mucho servían pescados básicos bien cocinados, cogote de merluza a la bilbaína y cosas así. Se trataba de un sitio para turistas, por lo que el ambiente resultaba muy familiar. Me apreté unos combinados en los locales cercanos y perdí definitivamente el miedo. Primero tomaremos Barcelona and then we´ll take Berlin.
Ya liberado de mis complejos de paleto madrileño me he lanzado a la vorágine. Cada noche un restaurante, cada vez una mujer diferente. He prestigiado con mi presencia los sitios más cool de la ciudad, particularmente me he hecho fuerte en El Velódromo, un auténtico lugar para pijos. Aquí las tapas son microscópicas, pero el ambiente está a la altura del Ramsés de Madrid, que hasta ahora había sido mi punto de referencia. Tampoco le hecho ascos a los lugares clásicos: Via Véneto, Neichel, Drolma, Ca l’Isidre, lástima que hayan cerrado Reno. También he girado visita a los nuevos restaurantes que ya van alcanzando la categoría de clásicos: el nuevo Gaig, Ábac, Alquimia, Comerç 24, Lasarte. Todavía no me he rendido a la moda de los asiáticos, nunca he confiado en los nipones, pero las chicas insisten pues creen que esta comida no engorda. En fin, ya solo me falta hacerme del Barça.
|